Como todos sabéis el equipo Spanish Bullfighters se ha preparado bien para afrontar un reto: tratar de llegar a Ulan Bator, capital de Mongolia saliendo desde Londres en un Citroën AX por tener menos de 1000 cc. Una distancia de unos 12.000 km atravesando desiertos, cordilleras y 14 países. Un aventura que aunque pareciendo una locura persigue recaudar unos fondos para financiar unos proyectos con fines solidarios. Además en caso de tener cualquier problema personal o mecánico no tenemos cobertura por parte de la Organización sino que dependemos de nosotros mismos.
¿Quién da más? Bienvenidos a la Mongol Rally...
Los tres días siguientes los pasamos llamando a casa, gestionando el billete de vuelta, donando el coche al orfanato de Nairamdaal, haciendo algunas compras y algo de turismo por museos y monasterios budistas.
El sitio de reunión por defecto es el Dave´s pub en el que dejamos todos los utensilios con los que no queremos cargar de vuelta para un mercadillo benéfico y en el que esperamos la llegada de otros ralliers exhaustos y ansiosos por contar su historia.
El último día decidimos hacer una excursión organizada a montar a caballo y camello. Menudas galopadas y menudas agujetas. Muy divertido pero especialmente cansado.
Esta noche es la entrega de premios y nos citan en una disco-restaurante con una banda rockera amenizando a los presentes y el embajador inglés de pajarita diciendo unas palabras.
Redoble de tambores and the winner is: The spanish bullfighters. No nos lo creíamos. No hay premio material por el sentido benéfico pero sí el reconocimiento de todos de haber hecho un buen trabajo vibrando con el espíritu de aventura que recomienda Tom. Se tuvo que hacer un poco el ridículo disfrazado de luchador mongol pero saliendo a hombros por la puerta grande. Bailes, risas, etcétera
Último madrugón de las vacaciones para ir al aeropuerto y volver a casita con Aeroflot. Nos acompañaron unos ingleses con los que estuvimos siete horas haciendo escala en Moscú y que casualmente estaban a nuestro lado en la salida en Hyde Park. Cruce de datos: ¡Éramos ciento sesenta coches! Terminamos con los que empezamos. Se cierra el círculo. Todo ésto es muy raro. En FIN….
Siete de la mañana y suena diana. Ánimo toreros, un último esfuerzo que ya no queda nada. Si se nos da bien podríamos llegar hoy a Ulan Bataar. Está siendo una experiencia increíble pero la verdad es que ya hay ganas de alcanzar el objetivo y por eso vamos a tratar de remar más fuerte.
Este primer tramo de la jornada es complicado. Nos encontramos con varios charcos con pinta de río en los que me atrevería a decir que el Pitu no hace pie. Nos perdemos varias veces y preguntamos a pastores que vagan por ahí. No sabemos por donde cruzar el cauce del río seco por riesgos de quedar atrapados en la arena sin poder ser remolcados.
Por ahí: ¡Jerónimo! Tal vez nos habíamos creído que podíamos emular a Moisés cuando partió el Mar Rojo en dos pero quedamos irremediablemente encallaos en palmo y medio de arena fina. Cavamos, empujamos, seguimos cavando, desesperamos: Nada.
-Oye, y si lo intentamos con las esterillas aislantes para dormir. Lo mismo agarran. ¡Funciona! Tuvimos que repetir la operación varias veces pero al final: “De esta salimos”.
Paramos a comer y somos envenenados con un guiso probablemente cocinado tres o cuatro días antes. Esta muestra de confianza por la dureza de nuestro estómago nos pasó factura. Doscientos kilómetros de buen asfalto, luego otros setenta de caminos de cabras.
Se va el Sol y deberíamos parar. No se si es que andamos un poco hipocondríacos pero oímos ruidos extraños en el coche en cada minuto. Además una de nuestras reglas de oro es no conducir de noche y apenas queda luz. Por otra parte la carretera vuelve a mejorar y las ganas de llegar son evidentes.
– ¿Último capotazo?
– De chicuelina
Agonizando el coche, encaramos el lance final de noche cerrada y con las luces cortas (las únicas que funcionaban). El capó medio abierto atado con bridas, las ruedas desdibujadas, las cerraduras de las puertas de piloto y maletero estropeadas, el techo abollado por surfear encima que con la holgura se colaba el viento y parecía una tormenta de truenos, siendo la única música que nos hacía compañía por haberse roto el radio casette. El parachoques trasero descolgado, un chinazo en el parabrisas, los cinturones de seguridad sin poderse anclar y el tubo de escape recién soldado con garantías cuestionadas. Pura poesía.
A lo lejos Ulan Bator. La Tierra Prometida. Efectivamente un majestuoso contraste de luces frente a la tiniebla. Yooooohhhhoooooo!!!! Qué escalofrío! Como el niño que se agarra la colita porque no aguanta más pero ve que le va a dar tiempo a llegar al cuarto de baño. Como el ciclista que se quiere morir pero al conquistar una colina consigue atisbar la meta. Como el abuelo que en Sábado espera la visita semanal de sus nietos… Como Marco Polo a las puertas del Karakorum antes de entrevistarse con Kublai Khan.
Así nos sentimos nosotros. No nos gusta conducir ni sabemos de mecánica pero joé, qué bien lo hemos hecho. Encontramos el famoso bar de Dave en la plaza de Shukbataar donde se encontraba el Parlamento. Nos reciben con una pinta bien fresquita y felicitándonos por haber sido los primeros en llegar por la ruta oficial, atravesando Mongolia desde su frontera más occidental.
Lo demás se puede intuir. Pasamos el resto de la noche emborrachándonos, intercambiando historias con el resto de participantes, haciéndonos fotos con el famoso Dave y el mini de Andy, allí expuesto, coleccionando direcciones de mail…
A dormir la mona al hostal.
- Oye blon, has oído hablar de la carretera panamericana que cruza el bla bla bla zzzzzz
- Mmmmm…
Si las herramientas fuera el botiquín de coches sin duda el reflex sería el martillo con el que tratamos de enderezar el capó para que cerrara. Antes de despedirnos de la familia de la ger, el patriarca nos pidió las llaves para pegarse un rulo campo a través: lo veía clarinete = siniestro total + cuidando ganado durante una buena temporadita. Me santiguo y… oye, todo un Carlos Sáinz.
Un par de horas al volante comentando la jugada y nos encontramos con un paisaje marciano. Campamentos de cientos de gers a orillas de un mar de agujeros de tierra. ¿Y ésto? Resultaron ser buscadores de oro a la antigua usanza. Parecía una peli de indios en versión “far East”: palangana, colador y a remover tierra. Y así multiplicado por quinientos o más.
Proseguimos la marcha y justo antes de llegar al pueblo de Bayanghkor nos topamos con otros ralliers. Polacos que salieron de Berlín en dirección Irkusk en el lago Baikal. La única diferencia es que no iban en coches de menos de mil centímetros cúbicos. Estos pollos limoneros en concreto, viajaban en un Hummer tan ancho que no estaba homologado para rodar por carreteras convencionales.
Qué chulada: fotos, video, nos montamos, flipamos pero cuando nos asomamos les vemos que son ellos los que están alucinando con nosotros haciéndose fotos en nuestro AX. De repente: tacháááán! Surge de la nada un periodista personal que viajaba con ellos con su cámara profesional entrevistándonos sobre nuestra Gran Aventura. Bien mirado, no me extraña que fliparan con nuestro viaje teniendo en cuenta que se les había fastidiado dos veces la suspensión de su todopoderoso Hummer.
Llegada al pueblo y buscamos un taller para arreglar un problemilla del Suzuki. Cambiamos unos cuantos torgos y a comer. Encontramos un restaurante curioso. Por fuera doce mesas de billares y por dentro un par de borrachos durmiendo la mona en el suelo que ya entrado el segundo plato fueron invitados por dos matones a desalojar con un par de cachetones.
Esta gente quería hacer noche allí mismo pero aún quedan seis horas de sol. A nosotros también nos gusta la pachorra pero hay que llegar a Ulan Bator que se acaban las vacaciones.
Seguimos adelante pero cien kilómetros más tarde el Suzuki decide que no le apetece seguir y casca. Desmontamos la rueda, revisamos los frenos, comprobamos la transmisión… na de na. Lo volvemos a montar. ¡Idea! Volvemos a desmontar. Falsa alarma. Ni idea que le pasa.
Hay que tomar una decisión porque mongolmanía no sabe si podrá continuar el viaje ni si tendrán que terminar con su coche encima de un camión. Vuelven a Bayanghkor. ¿Qué hacemos tron? Con todo lo que nos han ayudado me daría pena no terminar juntos pero solo podemos hacer compañía porque aparentemente no tiene fácil solución y nosotros no remolcamos ni a una mosca.
-Darle caña y si hay suerte nos vemos en UB y si no en Southampton donde sois bienvenidos.- ¿Estáis seguros? No problem. Solos ante el peligro. Veinte kilómetros atardeciendo y a cenar. Con este viento del demonio lo mejor es que nos repartamos en el coche dentro de los sacos. Tú adelante que eres más grande y yo encima del equipaje.
(“No se si hemos hecho bien. Calla pepito grillo que estoy soñando. Había que tomar una decisión y te recuerdo que no tenemos billete de vuelta a España. Además en cuatro días tenemos que estar en la oficina. ¡Vale, vale, no me grites!”)
Prontito en marcha para masticar más distancia. Nos adelantan a toda pastilla los landcruiser de la squadra azzurra aunque cuando se separaban los caminos nos esperan para despedirse. Ahora sí que no nos volveremos a ver. Ha sido un piaccere. Arriverderci bambinis!
Por amor es más fácil vivir… la soledad. ¡Ya! Es que buscando en el baúl de los recuerdos solo había cintas de mi hermana de Perales y compañía y como se nos fastidió el i-pod en las primeras de cambio había que hacerse a la idea. Adaptarse o morir.
Mira, éstos están subiendo esa colina. Les esperamos abajo mejor, ¿vale? Chris filmando con el video desde la cima haciendo una panorámica mientras comentaba hasta que nos enfoca para encontrarse lo que ellos llaman un moony, en Chile es un cara pálida y nosotros llamamos un calvorotas. Todo un clásico dedicado a todos los hijos de la Gran Bretaña.
Nos habían comentado que en esta época del año podríamos encontrarnos con algún río atravesando el camino y menos mal que llevamos una buena cuerda para poder ser remolcados con el coche parado. Una vez más el Suzuki nos sacó de este envite aunque como cedió el enganche del capó, nos enchufaron desde atrás. Pero mira que sois mal pensados.
El caso es que yendo marcha atrás los cubre depósitos cedieron y arrastrando gran cantidad de cantos rodaos, se doblaron. No hay problema, pues los quitamos: chupao. Quince minutos más tarde seguíamos desatornillando los tornillos de las defensas. – De esta salimos, blon. – Por nuestros güevos que sí. Tras tres cuartos de hora dándole a la manivela San Chris (tóbal) tiene la genial idea de avisarnos que tal vez hay una tuerca al otro lado del tornillo que habría que inmovilizar. Probablemente podríamos haber estado desenroscando durante días enteros sin rechistar y sin dudar de nuestro saber hacer animándonos con “de ésta salimos”, candidata a frase del verano.
Una vez solucionado el problema anduvimos un cientos de metros pero dado el estado del terreno de juego y la poca visibilidad decidimos hacer noche. No habíamos parado el motor cuando se acerca una niña chapurreando un básico inglés. Do you speak english? – Yes. What´s your name? – No! Eres muy linda y muy mona pero ésto no es una entrevista de trabajo. Inglés, lo que se dice inglés no hablas mucho.
Nos invitaron a pasar a su ger y compartir la cena con ellos. Menudo momentazo. Allí estábamos nosotros, comunicándonos como podíamos con una familia mongola en medio de ninguna parte. Qué verdad tienen las guías. Magnífica hospitalidad sintiéndonos como en casa. Cenamos un guiso de pasta con verdura y el ingrediente primario de casi todas las recetas de su dieta: Corderazo. De beber nos dieron té aunque de esto ninguno repetimos por aquí se toma salado???. Keeee ajkoooo!
También nos enseñaron una tradición que consiste en intercambiar una petaca con unos polvos, que son esencias personales y que representa el culto por los aromas. Deivit no dudó en esnifarse un par de tiritos. Menudo chute más gracioso. Donde fueres haz lo que vieres.
La indumentaria del patriarca consistía en una deel, casaca tres cuartos de mangas muy largas amarrada con un cinto, gorra con orejeras y botas altas. Además los mongoles adoptan una postura muy característica para descansar: Se quedan en cuclillas como si fueran reyes en el trono pero sin revista ni bote de champú.
Pasamos una noche extraordinaria rodeados de lugareños con los que intercambiamos regalos. A lo niños les dimos unos palos que al quebrarlos emitían una luz fosforescente. Para qué querían más. ¡Como enanos! Les dejamos unas cuantos fotos polaroid de todos juntos que apreciaron mucho y un torito que al activar un interruptor caminaba con un pasodoble de fondo. ¡La sensación! A cambio nos dieron toda la amabilidad, un rosario budista y una pastilla de leche seca para el viaje, que casualmente también sabía a cordero. Menuda noche… Hard core!
Desde que cruzamos la frontera junto con Mongolmanía conducimos menos horas y hacemos más descansos pero al volante le zurramos bastante. Nuestro Ax es un titán pero se está llevando mucha tralla y le está pasando factura tanto bache así que decidimos levantar el pie del acelerador e ir más despacio.
Mongolia nos tiene locos. Eternas explanadas sin ver un árbol en enclaves de ensueño. A mí esta tierra me está enamorando y ya se ha ganado todo mi respeto. ¡Qué país, qué gentes! La historia les ha tratado muy mal. Cada vez que un occidental piensa en un mongol lo asocia a un retraso psicológico y le sale una sonrisilla. Pues resulta que este pueblo fue capaz de abarcar el imperio más grande de la historia de la humanidad con innovadoras estrategias de guerra y con apenas un puñado de miles de fieles guerreros haciendo morder el polvo a chinos, musulmanes, cruzados y quien se le pusiera en frente.
Por eso sufrieron una campaña de desprestigio por parte de los europeos que atónitos probamos el sabor de sus flechas. Mi granito de arena por la grandeza de esta raza y toda mi admiración.
Vale, vale. Ya sigo con el viaje. Es que conducía David, me he echado una cabezadita y me he dejado llevar pero es cierto que todas las guías nos advierten de la hospitalidad de estas gentes y de la importancia de los cantos y los olores.
Paradita técnica que Chris tiene hambre. Madre mía qué saque tiene este chico. Ahora entiendo su despensa. Unos noodles, en esta ocasión de pollo al curry y melón de postre. Unos pases de frisbee para desentumecer los huesos y a proseguir por senderos aleatorios.
Nos cruzamos con un vaquero con una manada de caballos. Bueno más bien con un “caballero”. ¡Alto! Macho, yo no me voy de aquí sin montarme en uno de éstos. Son robustos, de patas cortas, más parecidos a ponys del parque de atracciones que a esbeltos corceles andaluces pero representan una de las señas de identidad del país. Qué ilusión. No fue una gran galopada pero esta muesca ya la tengo en mi fusil.
Los toreros y Mongolmanía nos vamos alternando en la cabeza de la expedición tirando el uno del otro como si fuera una prueba de resistencia, que de hecho así es. ¿Y ese ruido? Nuestros británicos compañeros no se han dado cuenta que nos hemos parado y continúan la marcha. Rápido escaneo de los bajos y el resultado: Tubo de escape kaputen.
A trancas y barrancas llegamos al pueblo de Altay y lo primero que nos encontramos es a Luciano y Federico de bruces. - Ciao, comme vai?.- Bene, bene. Queréis duchini calientini?. Casi se nos saltan las lágrimas. – Mamma mia, madonna, minchia! Graccie, graccie. Sí, quiero.
Antes de cenar por un euris en el funkie bar conseguimos que un mecánico nos arreglase el tubo de escape con un soldador que más parecía un juguete del scatrón que una herramienta para pegar metal. Oye, pues sí, eh? Increíble pero cierto. Menudos manitas. Aquí les das dos alambres y te la lían chica. (bostezo), sobamos, ¿no?
No tenemos demasiada prisa en despertar y activarnos. De hecho aprovechamos para hacer “reca2” como arreglar la rueda pinchada, ir al banco a cambiar unos cuantos torgos e ir de compras por el mercado del pueblo. Conocimos a un chico que hablaba inglés por haber estudiado un año en North Carolina y nos enseñó su tierra llevándonos a la farmacia de su familia. Una experiencia que Deivit disfrutó como buen boticario.
En este país no ves pobreza y hambre porque hay muchísima ganadería pero lo que percibimos es subdesarrollo. Es común encontrarnos con gasolineras sin gasolina, hostales sin habitación ni restauración, incluso algún cibercafé sin conexión a Internet pero lo que más nos sorprendió es un banco sin dinero. –Vuelva en un par de horas – nos vino a decir la chiquilla. Qué bien hicimos eligiendo mercy corps como proyecto benéfico ya que invierte el dinero recaudado en el desarrollo de las zonas rurales de Mongolia (www.mercycorps.org.uk)
Por fin reanudamos la marcha por los caminos de siempre flanqueados por la cordillera Altai. Mucha importancia tienen el Cielo y las Montañas para la religión de aquí. Algunos chamanes dirigen sus plegarias a las fuerzas de la Naturaleza: “The Land of Blue Sky”.
Dicen que Mongolia es un país en el que en un día puedes tener la sensación de haber estado en las cuatro estaciones del año: calor, lluvia, granizo, viento, frío… nieve! Y luego más calor. Loco, ¿eh?
Parada técnica para comer a orillas de un riachuelo donde Mongolmanía aprovecha para lavar su coche. Qué cosa más rara, con lo que cuesta ensuciarlo de polvo y barro para parecer más intrépidos. En este día intercambiamos cintas de video para grabar otros ángulos y otras perspectivas de nuestro coche.
Antes de llegar a Darvi sufrimos el ataque de un enjambre de tábanos o abejorros que nos vigilaban de cerca. Debíamos ser la novedad y por eso nos acompañaron en nuestro camino durante varios kilómetros. Una escolta peligrosa que de vez en cuando mandaban a algún que otro explorador kamikaze que se colaba en el interior para clavarnos sus aguijones.
Tiene pinta que a esta gente le gusta dormir en camita y como nos gusta viajar con ellos nos acomodaremos a sus ritmos y gustos. Cenita de pilmenis bañada en ariak que es leche de yegua fermentada. En el comedor había una bola de espejos a modo de discoteca y al preguntar nos dijeron que no tenían música. ¡Ya! Menos mal que Chris se sacó su radio cassette del Suzuki Santana y resolvió el problema. Nos echamos unos bailes y unas risas con los mongoles que surgían de manera espontánea de no se sabe dónde atraídos por los acordes de Britney Spears. Una, hasta soñó conmigo. Vaish, que tengo novia.
- Vámonos rápido. Dale, dale.
- ¿Qué pasa, tío?
- Qué vergüenza como me pillen. Pasa que he mangado una manta del hostal.
No se si son las secuelas del pelete que pasamos en Tashanta (cfr. 18) o la envidia por el edredón de plumas de Beth pero no quería incumplir mi promesa y es que… A Dios puse por testigo que jamás volvería a pasar tanto frío. Comprobamos a toda máquina los niveles de aceite, agua, batería, presión de neumáticos, parada en boxes para repostar combustible y … ¡Hasta el infinito y más allá! .
En el camino disfrutamos de las últimas estribaciones del desierto del Gobi para adentrarnos en las estepas milenarias de pasto de campo bruto que alojan nómadas pastores y una cuantiosa fauna compuesta básicamente por los cinco hocicos: cabras, ovejas, yaks o vacas, caballos y camellos. De vez en cuando alguna marmota y mucho águila que ni se inmuta a nuestro paso. Algo habíamos oído hablar de la cultura cetrera en estos parajes.
Atravesando senderos semi intransitables de pronto topamos con una garita con una barrera bloqueando el “camino” que tenía un viejo motor de camioneta haciendo las veces de contrapeso. Hablamos con el señor y nos pide unos diez dólares. Tras mucho negociar a base de gestos y símbolos universales decidimos dejar de perder el tiempo. Anda tronco, toma tus quinientos torgos y déjanos en paz que tienes más cara que espalda.
Muchas emociones fuertes en lo que queda del día: A puntito de encallar estuvimos al atravesar una zona empantanada, atrapados en la arena nos quedamos teniendo que ser remolcados por un camión, segundo pinchazo de rueda con llantazo incluido. Se hace tarde pero conseguimos salir ilesos de tanto infortunio.
Menos mal que tenemos movilizado a medio Madrid rezando a San Rafael y a San Cristóbal para que nos protejan en nuestro viaje. De todas formas, después de tanto curro que les estamos dando me estoy planteando preguntarle a mi tía si pudiera pedirle al Papa que ascienda a estos santos varones a la condición de ángeles.
Llegada a Khovd y buscamos otro hostal. Demasiados caprichos pero hay que pensar en el equipo. Encontronazo con los italianos que coincidimos en el mismo restaurante y nos convidan a un goulash. Qué apañaos son estos chicos. Aunque vayan más rápidos en unos land cruisers que se te va la olla, tengo el presentimiento que les volveremos a ver.
Bue(do) – nas (la) – no(fa) – ches (re sostenido) – has (si) – ta(sol) – mañana(mi)…
Amanece nublado y temprano recogemos los bártulos. Esta es la última aduana que atravesamos y es en la que más tiempo perdemos. El motivo es porque no nos podemos ir sin el sello oficial. Una cosa es segura, somos los primeros en pasar por aquí porque nadie ha oído hablar de la Mongol Rally. Necesitamos el famoso sello en nuestro car passport para acreditar la entrada en Mongolia y así justificar la donación del coche en Ulan Bator en lugar de una exportación. Además sin ese sello perderíamos la fianza de las mil quinientas libras como depósito para no abandonar el coche en la estepa mongola en caso de avería grave.
A un lado Rusia, al otro Mongolia y en el medio nosotros viendo la luz al final del túnel con los deberes hechos. Las tres de la tarde y aunque costó al final lo hemos conseguido. Por fin pisamos el suelo del país del “Cielo Azul Eterno”
Calculo que habremos recorrido unos treinta kilómetros y ya estamos despiadadamente perdidos. La que nos espera, chaval… De nuevo las pistas de tierra y piedras que ni las cabras se atreven a frecuentar. Feliz reencuentro con nuestros amigos los postes telefónicos que nos guían. Otra vez miles de caminos como venas capilares en busca de la arteria asfaltada que nos lleve al corazón mongol. Al parecer tenemos más de mil kilómetros sin pavimento y unos cuatrocientos por carretera hasta la capital. Ahí es nada.
Conduciendo campo a través disfrutamos del paisaje colorido y salpicado con pequeñas motas blancas. Cuando te acercas resultan ser pequeñas chozas de madera recubiertas con paredes de fieltro aislante. Se llaman Gers y es la clase de vivienda más extendida entre los campesinos mongoles.
Otra dura prueba para el coche: Ascensión a un pico de la cordillera Altai demasiado empinado para nuestro AX que no sube ni en primera. Tras varios intentos y algún gesto de preocupación conseguimos alcanzar la cumbre suavizando la pendiente por un camino más largo.
Apenas dos horas de conducción y se desencadena una lluvia de aúpa. Mongolmania propone una parada técnica para hacer noche en un hotelín. Con lo cansado que estamos y lo poco que dormimos anoche, no seremos nosotros quienes digamos que no.
Primer encontronazo con unos italianos muy simpáticos. Salve bambinos, una suerte coincidir con unos europeos. Bueno, una cenita con Chris y Beth mientras nos ponemos al día y nos vamos conociendo. Una copita? - Camarero, tres cervezas y un zumo de frutas, por favor.
Hoy puede ser un gran día! Nuestro buen amigo Andy, Cicerón de los Spanish Bullfighters en este Rally nos pone en contacto con un equipo que anda cerca. Se nos plantea la disyuntiva de esperar a Mongolmania. Cambio de planes y tras apenas tres cientos kilómetros por plásticos paisajes, de ríos, montañas y casitas de pueblo, llegamos a Tashanta, punto fronterizo antes de cruzar al país objetivo, donde decidimos aguardar a los refuerzos.
¡Qué nervios! Por fin vamos a poder tratar con otros ralliers. Mamá, no te preocupes. Seremos buenos, daremos las gracias, haremos pis antes de salir, rezaremos en el viaje. Se nos puede sacar de casa y no te dejaremos mal ante estos ingleses que llegan como manás caídos del cielo.
La aventura está molando un montón pero la verdad es que nos puede dar mucha vidilla compartir esta experiencia con otros aventureros exploradores. Aunque solo sea para cambiar de ángulos en la grabación de videos y fotos o para intercambiar las ya muy oídas cintas de música ochenteras.
Además, también nos viene bien para mejorar nuestro inglés y cambiar escenarios. Hasta el momento ningún problema entre nosotros y que así siga, pero veinticuatro horas al día en dos metros cúbicos, se acaban los temas de conversación.
Por fin llega el coche de apoyo y conocimos a nuestros británicos compañeros de viaje. Chris es un gigante bonachón de origen filipino más parecido a un rugbero mahorí. Beth es su encantadora prometida que entre otras cosas habla ruso. Se acabó pedir la comida al azar. Al menos hasta mañana porque mañana… llegamos a Mongolia.
Toma de contacto contándonos nuestras respectivas anécdotas del viaje. Surgen las primeras diferencias materiales. Una caja repleta de comida, fruta, verduras, sopas, arroz… y todo de marca. Beth traía un edredón de plumas y cepillo de dientes eléctrico y Chris una caja de herramientas con un taller dentro. Qué contraste!
Acampamos a escasos cien metros de la frontera. Nos fuimos a la saca confiando en nuestra tienda superdesplegable. Apenas transcurrida media hora se desató un viento endiablado que no dejó dormir. Maldito frío bolchevique! Solamente dos horas de sueño en una de las noches más largas de la historia. Mi vida en mil diapositivas pasó por mi cabeza. Me dio tiempo a pensar en muchas cosas entre otras, cómo podríamos gestionar el billete de vuelta desde Ulan Bator y por qué no habíamos clavado las puñeteras piquetas. La madre del cordero: Qué viento!
Algo más descansados y con alguna barrita más de vida en nuestro marcador reanudamos la marcha tras haber comprobado los niveles y haber renovado algunas pegatinas de patrocinadores.
Kilómetros, kilómetros y más kilómetros hasta que nos para un guardia. No hay problema porque estamos en Rusia. Ya, Jamones! Fuimos a dar con unos kageberos cantamañanas que entonaban la canción ucraniana. Pues mira, no! En esta ocasión lo llevas clarinete. No me vas a estafar ni este $ que tengo en la mano. Si quieres me llevas a comisaría y lo vemos con tu jefe porque no tengo ninguna prisa. La amenaza de quedarse con mi carnet de conducir no le salió muy bien por ser el internacional. Al verme sin idioma y ninguna gana de ceder al chantaje nos dejó continuar. Ahí te quedas!
Segunda etapa de montaña con unas vistas bien bonitas. Enormes desfiladeros despeñapérricos, ríos grises contrastando con las orillas de arena clara, fauna diversa… Amenaza con llover pero ni eso empaña la increíble fotografía.
Nos vamos mentalizando sobre la ruta escogida que es la que recomienda la Organización de la Mongol Rally. Ir por Siberia hasta el lago Baikal y entrar por el norte de Mongolia no tiene ninguna dificultad. En cambio, según todas las guías nos íbamos a encontrar con pistas de tierra y muchas penurias en el camino. Mooooola!
Creo que es buen momento aprovechando estas líneas recomendar el viaje en moto que el actor Ewan Mc Grgor hizo alrededor del mundo y que se emite por capítulos en la tele.
Veloz el velocímetro, reduzco a tercera, freno, segunda. Cambio de tercio, montera en pelo, capote en mano y me entrego a mi suerte. Vaaaaca! Ahha, vaca. Toro, ehhe! Oooolé! Como podría irme sin inmortalizarme toreando. El spanish bullfighter terminó indultando al bravo astado bragado.
Buena media. A este ritmo llegamos los primeros. Lo malo es que seguimos sin ver a nadie del rally. Ey! Fíjate qué sitio más chulo para acampar. Comemos como si no hubiera un mañana, fregamos los cacharros y nos damos un paseo remontando el río. Hala, a dormirla! Hoy ni la lluvia que al final atacó consiguió desvelarnos.
En esta ocasión fue una buena retaila de trenes la que no nos dejó concebir el sueño tranquilamente. Nadie dijo que ésto fuera a ser una batalla fácil. Ya dormiremos cuando nos muramos. Ahora, en marcha a la caza de nuestro propio destino.
Unas pocas horas conduciendo disfrutando del paisaje y salta David:
- ¿A que no sabes dónde estamos?
- Dímelo tú.
- A escasos ochenta kilómetros de China!!!
- Ahí va la leshe! En CHIIIINA
Hasta este momento no nos habíamos parado a pensar lo lejos que estábamos. Yo creo que fue aquí donde empezamos a creernos el valor de nuestra hazaña. Pasara lo que pasara ya habíamos triunfado. Supongo que no mucha gente puede decir que ha llegado a China conduciendo en un AX, no? Grande toreros, grande.
Si todo marcha bien, esta tarde cruzaremos la frontera hacia los dominios de Putin así que decidimos hacer una última parada para comprar algunas provisiones y algunas delicias kazajas como té verde. Antes cambiamos unos cuantos dólares para combustible y las comprinas dando con un person con la sonrisa completamente dorada. No os hemos contado, pero es que por estos países la gente se pone piños de oro. Aún no nos queda claro si es la moda o es una manera de ahorrar.
Por fin llegamos a la frontera y ni rastro de las irlandesas. Lo más probable es que las hayamos pasado. Slainte rubias, nos vemos en Ulan Bator! Más nos vale ponernos cómodos porque esta cola tiene pinta de ser interminable. Unos cuantos capítulos más tarde ya estoy enamorado de la tierra y de la historia del caudillo Temuyín como así se llamaba el ingenioso general estratega de la horda guerrera más temible de todos los tiempos. Qué nervios, se acerca Mongolia aunque aún tenemos que atravesar la fría Siberia antes de llegar al premio gordo.
Ya estamos hartos de lidiar con las desesperantes colas y el inútil papeleo registrándonos manualmente en antiguos cuadernos del Régimen. Dejamos la frontera de noche cerrada. Diez minutos más tarde: Aquí mismo. Desplegamos la tienda en algún koljós cualquiera. Oye, ni cloroformo ni las garras de Morfeo. Caímos desplomados antes de despedirnos hasta el día siguiente.
Cada vez amanece antes en estas latitudes. No hacemos más que perderle horas al reloj en esta carrera hacia el Sol. Menuda paliza de vacaciones. Cada día madrugamos más. Son las seis de la mañana y con los deberes hechos: niveles comprobados, cara refrescada y boca enjuagada. Parece que si hoy todo va bien, sin fronteras que cruzar y carreteras asfaltadas podremos avanzar un buen trecho.
Esta es la primera etapa de montaña en países exóticos. Cambia el paisaje y se agradece aunque el coche se resiente de la escalada y la pateada de los casi mil kilómetros recorridos.
Nos llegan informes del campamento base sobre nuestros inmediatos perseguidores. Gavin y Atkin del equipo Bravo 5 siguen a un día de distancia y a un ritmo muy inferior pese a nuestra demora en Samarcanda. Son pocas las vacaciones que nos quedan para reincorporarnos al tajo así que decidimos acelerar más para tratar de dar alcance a unas irlandesas del rally avistadas en la frontera por el bigotes. A por ellas, OE!
Turnos de conducción, siestecita reparadora y el libro “Genghis Khan y el inicio del mundo moderno” Tiene muy buena pinta y viene bien para ir ambientándonos. Nos llama la atención la de bodas macarrillas que hay por aquí. Enormes limusinas blancas con séquito en caravana pitando y armándola parda por las carreteras. Un poco cantosas pero acompañan.
Las nueve de la noche y sereno. Dormiremos un rato o al menos lo intentaremos porque menuda suertecita la nuestra al acampar. Cuando no son piedras en los riñones, son ríos a ras y sino vacas pastando a nuestra vera. Mañana será otro día.
Cansancio acumulado, una noche toledana al frente del teclado, hotel acogedor, cómodo colchón… ingredientes básicos para que se nos peguen las sábanas y tardemos en partir. A nuestras espaldas dejamos buenas vibraciones al abandonar la ciudad de la plaza del Registán.
Desandamos lo andado pasando por Tashkent hasta llegar a la frontera con Kazakhstan. Gran cola que no se mueve pasada la media hora. Haciendo el aguililla le preguntamos a un guardia que custodiaba la entrada y con apenas un par de gestos nos invitó a pasar al siguiente control por el morro. Menos mal que preguntamos “por chicuela” porque sino, aún me veía torrándome vuelta y vuelta a la Lorenzo.
Siguiente espera y justo antes de tener que rellenar los dichosos formularios de inmigración en cirílico, nos encontramos con el policía bigotes, amo del sabueso que nos olisqueó el coche. Qué ilusión nos hizo ver una cara amiga. Amigo, porque se nos ocurrió regalarle una galleta a su cocker dos días antes. Gracias a Dios nos devolvió el favor echándonos una mano en estas gestiones. Además nos obsequió con un supermelón que más tarde nos empujamos entre pecho y espalda.
Alerta que volvemos a Kazakhstan, no nos vayamos a encontrar de nuevo al chorizo que nos afanó una rueda y nos robe la otra. Aunque bien mirado, ya nos hubiera gustado toparnos con él para convidarle a una buena colleja.
Avanti motores y a recuperar el tiempo perdido. Por el camino vamos doblando pastores y rebaños de reses que se creen por encima del bien y del mal y se cruzan indistintamente como los legítimos propietarios de la calzada. Intrépidos vaqueros de apenas doce primaveras.
Tras una distancia recorrida considerable y con el ocaso pisándonos el guardabarros, es tiempo de montar el campamento. Difícil elección fue la que supuso elegir la cena ante una despensa tan variada. Al final cayeron los noodles de pollo en detrimento de los noodles picantes. Menuda la que liamos con la cocinilla. Primero unos hierbajos sueltos y casi sin darnos cuenta nos encontramos amenazando las llamas de palmo y medio con un extintor. Vaya! No hubo que lamentar daños personales pero… tenemos que tener más cuidado.
Bueno Deivit, un día más. Un día menos, Blon.
No llegan buenas noticias del consulado. Tres días laborables son muchos días para esperar un visado, asÍ que tendremos que prescindir de Kirgyzstan. Una pena este cambio de planes en nuestra ruta pero si no se puede, no se puede. ¿qué le vamos a hacer? Hay alternativas para sortear este país. Que este sea el mayor de los problemas.
En cualquier caso no podemos dejar de ver Samarcanda por mucho desvío que nos suponga. Lo sentimos por nuestros supporters pero espero que lo entendais. Es una chincheta en el mapa que no nos perdonaríamos no poner. Esperemos que pronto nos podamos rehacer y alcanzar a los que nos pasen.
Apenas tres cientos kilómetros para el coche que supone un buen descansito teniendo en cuenta las tremendas palizas a las que le sometemos y le someteremos. Lo que no esperábamos son controles cada dos cientos metros de aburrida policía esperando que les pase algo diferente en sus vidas. No perdona ni uno. Ni idea de inglés, ni idea de sentido común y máster en cotilleo. Tronco, que le he dicho exactamente lo mismo a tu compañero hace medio minuto.
En fin, llegada a Samarcanda, ciudad más antigua de Asia y la plaza más importante en la antigua ruta de la seda. Cómo nos lo podíamos perder. Paseo por las enormes mezquitas, comprinas por los bazares y al hotel Zarina, desde donde os escribo estas líneas y recomiendo si teneis ocasión de parar por aquí.
Creo que esta noche caeré rendido. Mañana empieza la gran escalada hacia el Norte, dirección Mongolia. UB or not UB...
Diana a las seis y el sol por las nubes. Una de nuestras premisas es no conducir de noche pero por lo que parece aún podemos ganarle más horas al volante con luz. Disparados hacia Uzbekstan. Tres intentonas para tratar de localizar la frontera pero todas cerradas hasta encontrar la buena.
En la primera de las múltiples colas, todavía en Kazakstan nos acorrala un grupo de niños que nos pide dinero y en paralelo un hideputa que nos cambia divisa y nos tanga unos diez dólares en el canje. Pasamos a la siguiente cola y justo antes de acudir al passport control nos percatamos que nos faltaba una rueda de la baca. AAAAAAAAH! Ya lo tengo! Seguro que ha sido el hermano del hideputa. Y si no seguro que sus madres son colegas de curro.
Tercera cola a cuarenta y cinco grados. Una pesadilla bajo un sol de justicia que nos provoca el primero de los múltiples amagos de lipotimias que ambos sufrimos. Desde entonces, no falta agua en nuestro coche. Es importantísimo hidratarse con estos calores del demonio. En la cuarta cola nos esperaba un perro que nos olisqueó hasta la última bujía del motor. Menudo suplicio. Tronco deivit, vámonos que no aguanto más en este sitio.
Lo que mal empieza está claro que bien acaba. Resulta que de camino a Tashkent, capital uzbeka nos encontramos con un taller especializado en cambiar ruedas. ¡Flipamos con la potra! nos paramos y el mecánico nos arregla la pinchada y nos corrige un llantazo de la otra en menos de cuarto de hora. Pero lo mejor es que el santo varón no nos quiere cobrar. Ante tanto derroche de cortesía, David le regala una botella del mejor whiskey escoces reservado para los momentos muy importantes.
Llegamos a Tashkent y nos hacemos fuertes alojándonos en un hostal. Una parada prevista en nuestros planes para poder gestionar la tramitación del visado de Kirgyzstan. Si vamos primeros no es solo porque vamos más rápidos sino que también conducimos más horas y además el coche nos responde bien. Tenemos que llegar lo antes posible porque las vacaciones no son eternas y hay que volver al tajo. Por otra parte estando aquí sería un crimen dejar de visitar Samarcanda. Así de paso damos chance al resto de equipos que han escogido esta misma ruta, más larga pero más bonita, para que nos puedan alcanzar y viajar con ellos en paralelo.
Paseo por Tashkent con homenaje culinario incluido probando la cocina típica de la tierra y a la piltra.
Muy temprano amanecemos y rápidamente le damos zapatilla. Sí, pero nos falta algo. Nos encontramos muy solitos y por una parte nos gustaría compartir esta experiencia con otros equipos del rally. Con esta inquietud dando vueltas, contactamos con el campamento base compuesto por Pao, el equipo informático que actualiza esta página web (flecha y zaguero) y el Gran Andy, participante de la edición anterior que nos asesora en todo momento.
Cómo no vamos a estar solos si nuestros perseguidores más cercanos están a dos días. Estas noticias que vienen de España acompañados de varios mensajes de ánimo nos dan una inyección de moral para continuar con el buen trabajo.
Oye, no somos Julio César ni Napoleón, pero tenemos sangre de Pizarro y de Cortés y trataremos de conquistar Ulan Bator plantando los colores de nuestra bandera. Es la melée de nuestra vida e intentaremos seguir empujando más que ningún otro rallier, aunque lo importante ya está conseguido (send a cow y mercy corps).
Seguimos por insufribles carreteras hasta que de pronto vimos la luz al final del túnel. Un japonés con medio cuerpo fuera del coche nos pregunta con mucha preocupación: - ¿son así todas las carreteras? Daba la casualidad que en ese momento no era de los peores tramos. - Coño blon, eso quiere decir que si a este japo le parecen malas estas carreteras es porque viene por otras cojonudas. Un balón de oxígeno hasta que efectivamente certificamos que nuestra intuición no nos fallaba.
Mira, casi se me saltan las lágrimas al ver la alquitranada carretera. Eso sí, no quiero ni pensar como acabaría el súper mercedes último modelo del infeliz nippon.
Continuamos el camino a todo gas parando en una gasolinera donde tuvimos que canjear divisa. Tras una dura negociación, va el kazajo y comprueba que mis dólares no son falsos, por lo que cojo sus ticklis y los miro al trasluz enfocando la vista hacia aquel papel que nada me decía. ¡Vaya tela! me da la mano, la otra al pecho, me abraza, se destornilla de la risa... Bueno, no es pa tanto, solo una bromita.
Por otra parte aquí la policía no es corrupta pero cotilla... hasta decir basta. Nos paran cada dos por tres solo para saber donde vamos y ver un pasaporte extranjero. Nosotros directamente vamos con el mapa para que se sientan útiles al señalarnos la correcta dirección y de paso se les olvide pedirnos dinero. Por si acaso.
Palizón de etapa, así que al saco a soñar con el liso asfalto y el velocímetro a cien.
Será un palizón y avanzamos poco pero es tanta la excitación de conducir por estos parajes escondidos, perdidos de la mano de Dios que crea adicción. Una etapa con más de lo mismo. Vibrando con cada acelerón, cada apurada, cada curva, cada cambio de marcha.
En estas que nos encontramos a Phillipe, un francés que va de Marsella a China en bicicleta.
-"Monsieur demente, supongo". Hay gente para todo en este mundo aunque no debemos ser nosotros los mas apropiados para criticar a este bravo aventurero. Por fin un occidental para charlar un rato antes de seguir la marcha. Au revoir et bon voyage!
Ante tanta variedad de caminos tratamos de no perder las vías del tren y los postes telegráficos que nos sirven de guía según nuestros mapas. También nos orientaban en lo que podríamos llamar gasolineras. Un casetón con una especie de surtidor. Nosotros cruzamos los dedos cada vez que nos echan ese combustible pero el caso es que el coche tira, y vaya que si tira. En cualquier caso llevamos aditivos con incrementador de octanos.
Cuando llegamos a un poblado no me preguntes cómo pero nos terminamos haciendo entender con los lugareños. Ya tenemos algunas nociones básicas de esta lengua. No son conversaciones muy fluidas pero con el priama, priama (recto), prava (derecha), lieva (izquierda) y el Kuda (¿dónde vas?) nos apañamos la mar de bien. El relleno lo acompañas con gestos porque no entienden ni español ni inglés. Solo nos falta aprender a decir gracias, te quiero y alguna palabrota para saber lo fundamental del idioma.
Destacable de comentar es la fauna que estamos viendo. Desde rebaños de vaques y cabres, hasta camellos con jorobas caidas y caballos esposados por las manos. También, elegantes águilas que levantan el vuelo a escasos cuatro metros y alguna "maldita rata del desierto".
Es muy probable que volvamos más delgados porque la dieta que llevamos no es la más sana pero es que solo hay tiempo para cubrir kilómetros: Un trago de zumo a veces para desayunar, algo de fiambre y patatas/galletas de guerreo para comer sin parar de conducir y solo una cazuela de noodles que nos cocinamos antes de ir a dormir. Por cierto, se hace tarde que son las diez y ya han salido los Lunnis.
Ocho de la mañana y después de mojarnos la cara y enjuagarnos la boca tiramos hacia el desierto. Nos perdemos un poco hasta encarrilarnos. En este punto decidimos cambiar la ruta inicialmente trazada. En un principio íbamos a pistear por caminos de arena hasta la frontera con Uzbekstan pero como se nos olvidó en Madrid este mapa y visto el estado del coche, el sentido común nos recomendó a ir por sitios más accesibles pese a ser una mayor distancia.
Como entrante antes del plato fuerte, pinchamos una rueda. Aunque no tengamos ni idea de mecánica, hemos de confesar que cambiar ruedas si sabemos por lo que tan solo supuso un pequeño retraso y una experiencia más a contar en este diario de a bordo.
Lo que nos encontramos a continuación es muy complicado de describir, pero lo vamos a intentar. No era una carretera con baches, sino más bien unos socavones con alguna secuela de carretera. Como si hubieran sido detonadas cientos de tracas de minas antipersonas en el pavimento. Un paisaje lunar completamente desolador. Por citar al bueno de Antonio: caminante, NO HAY CAMINO!!
Valor y al toro, toreros. De vez en cuando encontramos tramos menos deficientes que nos permiten aumentar la media hasta los 40 km/h. aunque por norma general preferimos ir por pistas de tierra que nacen de las impracticables ""carreteras"". Ay, Ucrania... Y nosotros que nos quejábamos porque no tenías las líneas pintadas...
Sin embargo, ésto es lo que andábamos buscando. Una buena explosión de adrenalina. El tipo de conducción requiere una máxima concentración de piloto y copiloto. A parte de los obstáculos naturales hay miles de pajarillos que se empeñan en cruzarse y quieras o no, terminan por despirtarte. Por lo que, fuera música para estar más atentos.
Una ramificación de tantos caminos supone un árbol de decisión con un infinito abanico de posibilidades en cada movimiento. Decisiones que no son siempre las más acertadas cuando ves meterse el cráter bajo tus ruedas. Aunque seguimos apretando los dientes porque el rugido duele, no seríamos nadie sin nuestro cubrecárter. El invento más útil y nuestra mejor inversión.
Es verdad eso que dicen que en el desierto tienes alucinaciones. No son oasis como en las pelis pero palabra de honor que del stress generado, vemos las cosas moverse cuando posamos la mirada en un punto. Además, terminamos con ampollas en las manos de tanto volantazo sorteando enemigos.
La rutina nocturna consiste en cocinarnos pasta en nuestro camping gas, desplegar la tienda, esterilla y al saco paco. Bastante frío por las noches, por cierto.
Sale el sol por la mañana y tras un buen desayuno realizamos el primer orden de nuestras cosas en el coche. Para ser conductor de primera... así hasta la frontera. Aquí nos encontramos como hasta la fisionomía de los paisanos cambia. Tienen los ojos rasgados y los pómulos más salidos. Son como nuestro queridísimo medallista balonmanero Talan Durshevayev.
Aunque estamos teniendo mucha suerte por no tener ningún problema de raiz en las fronteras, esta en concreto se nos dio regular por estar cinco horas más las que estamos perdiendo al sol por ir a su caza. Para empezar, nos vieron la cámara y nos hicieron borrar algunas fotos, luego reteniéndonos con papeleo y kilos de burocracia de barracón en barracón en busca del imprescindible sello.
En una de éstas, un kazajillo con pinta de buen hombre pero más lento que un gusano de seda me pregunta sobre los datos del coche. Harto de esperas, le cojo el teclado y se lo escribo yo para ir más rápido porque vaya tela, menuda empanadita tenía el chico. Ordago que me eché, pero el tío se rió y me dejó a mis anchas.
Por otra parte, caí en la cuenta que llevaba metido en un cuartucho más de cuarenta minutos sin saber de David por lo que decido salir a avisarle que todo estaba en orden. Me lo encontré semidesesperado a puntito de coger a un chinito del cuello y amenazarle de muerte preguntando por mí.
Por fin en Kazakstan, el paisaje nos choca por empezar a ver los primeros rebaños de vacas y camellos que se cruzan por los caminos como Pedro por su casa. También nos llama la atención la cantidad de cementerios que hay en tierra de nadie en mitad de ningún sitio. Debe haber mucho culto a la muerte en estos paises.
Pocos coches por el camino y al ver uno, pues le saludas. El saludo nos lo devuelve un chavalín de diez añitos que cuando comprueba que no le mira el padre lo acompaña con un corte de manga descojonao. Ahí le llevas al gamberrillo éste. Sigo pensando que le tendríamos que haber echo un calvo.
Andábamos atendiendo una entrevista para la radio cuando de repente: chinazo en la luna delantera. Joé, que acojone como se mos rompa entera. Tronco, ¿que haríamos? estábamos contemplando esa posibilidad cuando notamos un ruido en la parte trasera. Humo a saco al lado de los bidones de gasolina. Esto si que fue un señor susto. Se había desplazado la rueda trasera haciendo fricción con la chapa del maletero. Esto nos podría haber devuelto a casa antes de tiempo pero afortunadamente pudimos solucionarlo con más fuerza que maña a base de martillazos.
Muy preocupados nos fuimos al saco intranquilos por la salud de nuestra vainAX.
Durante los días siguientes nos veremos inmersos en el Gran Desierto kazajo. Es como haber encontrado una puerta de otra dimensión y hubiéramos realizado un viaje en el tiempo a otra época. Cómo explicaros, ha sido la experiencia más increible que hemos vivido hasta el momento. Nos santiguamos, nos encomendamos a San Rafael y a San Cristóbal y al abordaje.
Amanece nublado aunque ninguno podíamos esperar lo que nos venía encima. A las ocho nos ponemos en marcha prestos en nuestra peregrinación hacia la osadía. Pase de pecho y media verónica y los spanish bullfighters tomamos Volgogrado, antigua Stalingrado donde hubo un cruento enfrentamiento entre las tropas rusas y el ejército nazi en la IIGM (cfr. "enemigo a las puertas")
La ruta trazada para la etapa del día consistía en seguir en paralelo al poderoso Volga hasta alcanzar Astracan, última plaza soviética y paso fronterizo hacia Kazakstan, que hasta hace bien poquito no sabía ni situar en el mapa.
Complicado resultaba quedarse sin gasolina en un país con tanto petroleo y con tanta gasolinera. Pues a puntito estuvimos ya que muchas de estas gasolineras no tienen gasolina. (ah, muy buen negocio). Además comienzan las complicaciones por rebajarse el octanaje y por tanto la calidad del combustible, no aceptar tarjetas de crédito ni otra divisa. Conseguimos cambiar algunos dólares a un camionero por unos rublos para seguir dándole de beber a nuestro AX. La verdad es que se está portando tan bien que nos va a dar mucha pena tenerlo que donar en UB. Que todo sea por el desarrollo de los pueblos mongoles (www.mercycorps.org).
En un momento dado mientras grabábamos una central nuclear en video se hizo de noche y empezó a desplomarse el cielo. Una gran tromba de agua con vientos huracanados casi nos pone a dos ruedas. Con un espíritu siempre optimista pensamos lo limpito que iba a quedar el coche pero el Gran Diluvio Universal dio paso a una tormenta de arena que dejó secuelas en la carretera con señales caidas y postes derribados.
Toda una demostración de la Madre Naturaleza a quien por cierto nadie había invitado a esta fiesta por tener suficiente con policías corruptos, dos desiertos, alguna cordillera, nefastas carreteras, posibles bandidos, infinidad de problemas mecánicos en potencia y mucho cansancio tras intensas jornadas de conducción sin parar ni a comer.
Sin más, conseguimos llegar a Astracan a orillas del Mar Caspio. Tantas emociones bien valían un merecido descanso en una posada con vistas al delta del Volga para volver a recargarnos las pilas. De compras al super para hacer acopio de víveres porque empezaba lo duro.
Cuatro esquinitas tiene mi cama...
El gallo nos despierta con los primeros rayos de sol y tras el rutinario chequeo de los niveles del coche nos disponemos a seguir gastando el caucho de nuestras ruedas. Más de lo mismo: rectas estrechas que se pierden en el horizonte mal asfaltadas en algunos tramos. Mucho me temo que pronto estas mismas carreteras serían caminos de rosas teniendo en cuenta lo que nos espera.
Llegamos a la frontera de Rusia y tras cumplimentar unos impresos en cirílico con la ayuda de una encantadora cosaca entramos en la Gran Rusia. Esperábamos palmar del orden de doce horas en este punto ya que entre otras cosas esta gente tiene problemas de seguridad debido al terrorismo checheno. Así que podemos darnos un canto en los dientes por esperar apenas cuatro horillas de ná.
No se si fueron los nervios de pisar la Meca del Segundo Mundo que nos desajustó el radar pero el caso es que nos perdimos estrepitosamente. Lo más divertido fue tratar de encontrarnos preguntando a un gasolinero. Nuestra intención era que nos guiara con señas el punto en el mapa que le indicaba a lo que contestó con un discurso de al menos un par de minutos. Tenía ganas de hablar pero le interrumpió el gran descojono. No pudimos aguantar la carcajada. Chavalín, que no me entero. Entre risas y señas conseguimos reubicarnos y continuar nuestro camino.
Con las "prisillas" de rehacernos de la perdida, pues le pisamos un poco. -Documenten de la machinen (o algo así) nos vino a decir el soviético policja. -Ya la hemos vuelto a liar. Nos topamos con otro camarada sobornov. ¡Qué va! - Niño malo, niño malo. Run run, caca. Continuen. - Perdone Sr. Agente no volverá a ocurrir. Coño Deivit, qué majete el ruso éste, ¿no? Estos tíos, habiendo sido una superpotencia mundial hasta antes de ayer y después de mandar el primer cosmonauta al espacio les debe costar encajar el caer tan bajo. Orgullo herido, sí... pero nobles e íntegros.
Por el camino podemos apreciar la arquitectura típica en el régimen comunista. Los edificios sobrios y lleno de ventanas. Como una gran colmena alojando a una gran comunidad de abejas obreras. Las 19:00 horas y sin haber comido ni desayunado, tan solo conduciendo. Con síntomas de inanición nos cuadramos mano a mano una sandía enterita que compramos en un mercadillo.
Un pequeño atasco nos deja a las puertas de Volgogrado. En esta ocasión conseguimos descansar en lo más parecido a un catre metido en un barracón de obra que hacía las veces de motel de carretera.
¡Arriba excursionistas, hoy es el día de la marmota! Tras unas breves calorías para el cuerpo y comprobar los niveles del coche acudimos descarados a nuestra cita con el asfalto "orientados" siempre hacia Oriente.
Papel protagonista de esta película lo tiene nuestro AX que interpreta el guión al pie de la letra. De momento no ha dado ningún problema y va como la seda pese a estar cargado hasta los topes con todos nuestros bártulos. Mochilas, tienda, herramienta, cocinilla, bidones de gasolina, botiquín, extintor, aditivos y lubricantes varios... Además, le damos al tunning con una baca full equipe con dos ruedas de recambio y forrados los bajos con cubrecarter y cubredepósitos. ¡La envidia del Neng! Bien armado para la batalla. Que no sea por precauciones.
En cuanto a las interminables rectas que tienden al infinito, las pasamos escuchando música, leyendo preguntas de trivial, debatiendo sobre nuestro equipo de rugby de tres cantos y escribiendo estas líneas.
En una de éstas, nos topamos con un agente que nos hace señas. Vale, vale, ya paramos. Sin saberlo estábamos a punto de hacernos mayores. La primera vez que un "respetable policía" se inventa una excusa para pedirnos dinero. Con el tiempo hemos comprobado que está a la orden del día y que debemos destinar una parte de nuestro presupuesto a pagar el impuesto revolucionario a estos extorsionistas maleantes disfrazados de uniforme con galones.
La experiencia es la madre de la ciencia y poco a poco vamos minimizando los costes de soborno. Sin idioma y sin dinero hacemos creer a la autoridad mediante gestos, que necesitamos un cajero para aforar el peaje solicitado hasta que cansados nos invitan a pirarnos. ¡Ahí te quedas!.
Llegada a Kiev y paseo por la gran ciudad en plena campaña electoral. Buscamos el checkpoint propuesto por la Organización a la espera de encontrarnos a algún compañero de rally con quien hablar en "cristiano" pero lo único que encontramos fueron un par de rubias detrás de la barra ofreciéndonos una pinta. Bueno, también me vale.
En fin, carretera y manta hasta notar los primeros síntomas de cansancio. Descampado, casa ambulante y para el sobre. Buenas noches, deivit.- Buenas noches blonzzzzzzzzzzzzz
Esto de dormir en colchón tiene el riesgo de que se puedan pegar las sábanas y estropear la media diaria de kilómetros pero bien descansados encaramos la etapa. Muchas obras por el camino aunque finalmente conseguimos llegar a la frontera con Ucrania.
Nos encontramos con algunos coches del rally. Tres de ellos tuvieron que volverse tras esperar ocho horas por problemas con los papeles del coche. Afortunadamente nosotros solo palmamos un par de horillas en la fila, pinchando burbujas de los adhesivos de nuestros patrocinadores y atendiendo una entrevista de la radio.
Del rally nos llama la atención que hay mucho jovencito veinteañero embarcado en este duro reto con las mismas inquietudes que nosotros por explorar terrenos semi vírgenes al turismo. Pero lo que verdaderamente nos sorprende son los matrimonios de cincuentones y sesentones que se apuntan a esta aventura con más ganas que ninguno. Es un raid benéfico no competitivo pero mentiríamos si dijéramos que no miramos de reojo el cronómetro con la ilusión y la intención de llegar los primeros a la línea de meta.
Tras cruzar el antiguo telón de acero nos encontramos en otro mundo: tan cerca... tan lejos. Hasta el momento el mayor contraste: coches del año del fuego, otro alfabeto, otro paisaje, otro olor por las fogatas de rastrojos de los lugareños. A partir de aquí y hasta el final mucho me temo que no vamos a entender ni papa de los carteles. De momento vamos bien preparados con mapas en cirílico pero a ver con que nos encontramos. A ésto hemos venido, ¿no?
Cae la noche y pese a toda recomendación forzamos un poco y continuamos nuestro camino a Rusia por carreteras mal pavimentadas de una dirección en cada sentido. Un poco de miedo por si se nos cruza algún animal atraido por los faros pero sobretodo pánico por los imprudentes adelantamientos que hacen los temerarios compatriotas de Schevsenko.
Derrotados, decidimos parar y hacer noche detrás de una gasolinera donde estrenamos nuestra tienda de campaña que tarda dos segundos de reloj en desplegarse. ¡Vaya! Por la noche empieza a refrescar un poquete pero caimos rendidos tras una jornada de intensa conducción.
Pues no se duerme tan mal después de todo. Rápido en marcha que nos esperaba una etapa muy chula por caminos entre bosques. Disfrutamos del paisaje aunque con algún inoportuno parón debido a la cantidad de obras en las carreteras. Se nota que estos chicos están pillando cacho de fondos europeos. Sin novedad en el frente y fronteras pasadas sin problemas.
Este era el día señalado por los matadores, como aquí nos llaman al vernos con la montera puesta, para realizar la única visita turística del viaje. Próxima parada: Austwitchz, campo de concentración y exterminio de los nazis donde fueron asesinados millón y medio de judíos gaseados, ejecutados y torturados. Salimos de mal cuerpo pero algo más documentados sobre las atrocidades que a veces se cometen.
Conocimos a unas irlandesas que nos recomendaron su hostal para pasar la noche que resultó tener internet, un montón de enchufes para recargar todos nuestros gadgets y sobretodo una buena ducha (muy probablemente la última de la semana). Paseo por el castillo de Cracovia, la gran plaza, el arzobispado de Juan Pablo II y a dormir que hay que resetear sueño y amortizar el pago de la camita.
Con las reservas sobre máximos de ilusión, moral, adrenalina y bien descansaditos encaramos la etapa más larga de nuestro reto. Supongo que según vayan pasando los días aumentará el cansancio pero espero que las ganas queden intactas.
Recorrido cubierto acompañados de buen tiempo y magníficas autopistas que pronto, damos por hecho, empezaremos a extrañar. Como aperitivo, no está mal para calmar nuestra sed de distancia en este marathon sobre ruedas.
Atravesamos de un tirón todo el sur de Alemania con germanos lanzados que nos despegaban las pegatinas despreocupados del velocímetro. Vitores, pitos y aplausos al ver de donde veníamos y a donde íbamos.
Una vez en la capital checa, localizamos el bar donde nos encontramos al resto de exploradores. Aquí estuvimos intercambiando impresiones sobre las anécdotas del camino. Fue en este momento y no en otro cuando llegamos a la conclusión que el equipo Spanish Bullfighters es sensato, prudente y que los nuestros nada tienen que temer sobre el número de tornillos de nuestras sienes.
Nos topamos con una niña cuya experiencia al volante ascendía a... dos días. Con el carnet de conducir recién salido del horno en las primeras de cambio se puso a llorar como una magdalena porque llovía. PORQUE ¡LLOVIA! ¡angelito! Menudo papelón le espera al novio. Ya os contaremos.
Otro pájaro se hizo Londres Praga sin dormir. Así unas cuantas. Gracias a Dios que tambien hay gente "normal" o lo más parecido a la normalidad dadas las circunstancias.
Paseito por Praga la nuit y al parking a dormir en el saco bajo las ruedas de nuestro AX para ir adaptándonos al medio.
Como buenos toreros comenzamos el día haciendo el paseillo por el célebre parque londinense de Hyde Park. Prometía ser una buena faena. Ciento sesenta equipos se presentaron en el Launch de salida. Auténticas joyitas con ruedas. Las había de todos los colores y tamaños. Originales, divertidas, extravagantes e incluso algo freaky: escarabajos, 2CV, minis, pandas... todos decorados con pegatinas de patrocinadores y con alguna nota cómica.
Uno tenía su todo terreno pintado como una vaca (send a cow), otro tenía un coche de los años 50 con la batería en una bolsa de plástico, otro va en un coche fúnebre, otro flipado lleva un coche con barras interiores protectoras como las de Carlos Sáinz, un remolque taller y una cámara de video conectada a un ordenador de a bordo. Vale que todos estamos un poco tocados pero el colgado más grande de todos era sin duda un pollo limonero que participa en una moto de 125 cc. Me descubro el sombrero ante tanta osadía. Suerte chaval!
También nos hicimos amiguetes de otro par de AX por si hiciera falta echarse una mano con temas de recambios. Todo dispuesto. Nos despedimos de Ale, Nuria, Maqui, Pili, Juan y todos nuestros amigos que habían venido a acompañarnos en nuestro gran día y Pa´lante.
Primer checkpoint: alcanzar la plaza de Praga en menos de 22 horas.
La salida de Londres no fue tan intrépida como esperábamos ya que debido a una manifestación, tardamos tres horas y media en encarrilar en dirección a Folkstone, desde donde salía nuestro tren a la isla euroasiática. Toda una experiencia cruzar el Canal de la Mancha hasta Calais por el eurotunnel.
Escasos kilómetros recorridos y ya comenzamos a ver los primeros rezagados echados a la cuneta con los warning puestos y cara de pocos amigos. Menuda vergüenza. Nuestras pesadillas más repetidas durante estos últimos meses proyectados en estos infelices hijos de la Gran Bretaña. Esperemos que se rehagan pronto y podamos brindar con ellos con una pinta bien fresquita en el bar de Dave, allá en la lejana Mongolia.
Primer tute en este raid de resistencia y llegada a casa de nuestra amiga Elena en la lluviosa Bruselas. De momento no echamos de menos una duchita. Ya habrá tiempo pero bienvenida es.
Llegada a Londres para encontrarme en casa de Santa con David y Maqui quienes venían desde Madrid con el coche pasando por Stonehenge. Es tiempo de realizar las gestiones de última hora: fotocopias de documentación, imprimir datos solicitados, raparme el pelo para estar fresco...
Para velar armas antes del combate, que mejor que una fiestecita en la capital de la Pérfida Albión para tener la primera toma de contacto y estudiar al contrincante. A la cama pronto que mañana nos espera un día duro.
